CINCO IDEAS SOBRE EL CUMPLIMIENTO DE LOS CONTRATOS MERCANTILES EN UN ESTADO DE ALARMA

Planteamiento de la cuestión:

La declaración del estado de alarma para la gestión de la situación de la crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19 acordada por el Real Decreto 463/2020, de 14 de marzo (el “RD 463/2020”) y su posterior prórroga mediante el Real Decreto 476/2020, de 27 de marzo (el «RD 476/2020«) está suponiendo, entre otros, la paralización de la actividad económica y con ello que las empresas o negocios se estén viendo obligadas a poner el cartel de «cerrado por Covid-19».

Ello está provocando no pocos quebraderos de cabeza a nuestros empresarios en relación, entre otros, con los pedidos en curso o contratos mercantiles que tienen en vigor debido a que ante las medidas gubernamentales que se están adoptando se ven imposibilitados a poder seguir atendiendo con normalidad sus obligaciones contractuales.

El presente post se limita a poner de relieve una serie de ideas que en relación con las obligaciones contractuales deben tenerse en cuenta, sin perjuicio que, dada la variedad de supuestos que pueden plantearse en la práctica, haya que entrar a analizar a posteriori cada caso concreto.

Ideas clave a tener en consideración:

1. Los contratos tienen fuerza de ley entre las partes contratantes debiendo primar el principio de conservación de los mismos (pacta sunt servanda). Esto quiere decir que, como regla general, los contratos deben cumplirse.

2. No obstante lo anterior, existen circunstancias excepcionales que por ser imprevisibles o inevitables, si bien no exoneran totalmente a las partes del cumplimiento de  los contratos, sí excluyen la posibilidad de solicitar a la contraparte una indemnización por daños y perjuicios por su falta de cumplimiento y pueden producir una suspensión en la exigibilidad de la obligación hasta que dicha circunstancia excepcional desaparezca. En concreto, nos estamos refiriendo a los supuestos de <<fuerza mayor>>, que, salvo que el contrato o la ley establezcan otra cosa, se trata de acontecimientos imprevisibles, por exceder del curso normal de la vida, o que previstos sea inevitables, insuperables o irresistibles, en los que no ha intervenido la voluntad del deudor para su acaecimiento y que imposibilitan el cumplimiento de una obligación previamente contraída o impiden el nacimiento de la que pueda sobrevenir. Es necesario además que exista una relación de causalidad entre el acontecimiento y la imposibilidad de cumplimiento.

3. Ante la concurrencia de una eventual situación de fuerza mayor, pueden producirse situaciones que alteren el equilibrio de prestaciones entre las partes que afectan a la base del negocio y determinan un súbito cambio de las condiciones inicialmente pactadas. Para corregir tales situaciones de desequilibrio por causas sobrevenidas, la jurisprudencia ha acuñado la doctrina de la denominada <<cláusula rebus sic stantibus>> mediante la cual se trata de solucionar los problemas derivados de una alteración sobrevenida de la situación existente o circunstancias concurrentes al tiempo de la celebración del contrato -que exceda de lo que pueda entenderse como un riesgo «normal» o «previsible» que, por tanto, no deba de ser asumido por ninguna de las partes contratantes- cuando la alteración sea tan acusada que aumente extraordinariamente la onerosidad o coste de las prestaciones de una de las partes o bien acabe frustrando el propio fin del contrato.

4. La aplicación de dicha doctrina faculta a las partes a solicitar la modificación o adaptación de las condiciones contractuales actuales afectadas por la alteración sobrevenida e, incluso, a instar la resolución del contrato si la modificación o adaptación de las condiciones contractuales no resultara suficiente para equilibrar las prestaciones.

5. La reciente jurisprudencia de nuestro Tribunal Supremo extiende la aplicación de la cláusula rebus sic stantibus no solo a los contratos de tracto sucesivo como suelen ser arrendamientos de larga duración, arrendamientos de obra, contratos de suministro, etc., sino también a los contratos de tracto único como pudiera serlo la compraventa en los que la obligación nace o tiene que cumplirse vigente la situación sobrevenida.

Conclusión:

La situación generada por el coronavirus (Covid-19) si bien no faculta a las partes para dejar de cumplir sus obligaciones contractuales sí las facultaría, atendidas las circunstancias de cada caso concreto, a suspender su cumplimiento por el acaecimiento de una causa de fuerza mayor hasta el momento en que dicha causa desaparezca; momento en el que el contrato debería de continuar cumpliéndose en sus propios términos, salvo que como consecuencia del acaecimiento de dicha causa de fuerza mayor, se haya producido una situación de desequilibrio entre las partes inicialmente no prevista que faculte a la parte perjudicada a solicitar una modificación de las condiciones establecidas en atención a la doctrina de la cláusula rebus sic stantibus.

Marzo 2020
© 2020 José Luis Vecilla Camazón. Todos los derechos reservados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

borrar formularioEnviar